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Cuadro 5.2 Ejemplo de diseño A-B-A

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El análisis visual permite detectar, mediante la inspección del gráfico, los cambios producidos en la serie. Así, podemos ver en la representación gráfica cómo durante la no hay tendencia. En la se produce una tendencia de tipo descendente, por tanto, existe un cambio de tendencia entre la primera y la segunda fase. En la o se vuelve a producir un cambio de tendencia, pero esta vez es ascendente, lo que nos indica que al retirar el tratamiento (situación de juego) la niña vuelve a incrementar el número de conductas de evitación o escape, aportando así evidencia a favor de que la mejoría de la fase de tratamiento se debe a la efectividad de este y no a la influencia de otros factores o variables extrañas. También, los análisis estadísticos pueden permitirnos confirmar la eficacia del tratamiento. Por todo ello, podemos considerar que el diseño A-B-A ha sido adecuado para valorar la efectividad del tratamiento en este estudio.

Vemos cómo, en este caso, es muy difícil atribuir a la los cambios producidos en la . Tendría que haber algún suceso que ocurriese simultáneamente con el tratamiento y su retirada, y cuyos efectos sobre la conducta produjese los mismos cambios. Es decir, la tendría que correlacionar perfectamente con la y esto es muy improbable. Este diseño también nos permite controlar los efectos debidos a la ante la situación experimental y los debidos al paso del tiempo (maduración). Es decir, si se supone que el mero paso del tiempo puede producir cambios en la conducta, esto podría explicar los cambios dados en la fase B, pero no si de nuevo se vuelven a registrar cambios de nivel o tendencia en la tercera fase. De igual forma, hay ocasiones en las que el mero hecho de ser observado crea expectativas en el sujeto que pueden producir cambios en la conducta (reactividad a la situación de investigación), esto también podría explicar los cambios en la fase pero no en la segunda fase .

El ejemplo que acabamos de comentar es un caso de investigación aplicada en el que resulta evidente la efectividad del tratamiento, ya que la aplicación de este hace que se produzca un cambio de tendencia (pasando desde una tendencia nula en la primera fase de línea base a una tendencia descendente cuando se aplica el tratamiento), y esta tendencia cambia cuando se retira el tratamiento. En la mayoría de las investigaciones, fundamentalmente en el ámbito de la Psicología Clínica, la aplicación de este tipo de diseños puede plantear algunos inconvenientes debido a que para poder establecer una relación de causalidad se requiere que el tratamiento de caso único aplicado en la fase B se retire antes de conseguir su total efectividad a fin de que la conducta regrese a su estado inicial. Esto puede plantear problemas de orden ético en algunos casos clínicos (Barlow y Hersen, 1988). Imaginemos, por ejemplo, que se está aplicando un tratamiento a una persona con depresión y, antes de conseguir la total eficacia del tratamiento, se retira con el fin de que la conducta del sujeto regrese al nivel original y poder así establecer la relación de causalidad entre la aplicación del tratamiento y la mejora producida. Evidentemente, dejar al participante en la fase de línea base con el nivel inicial de depresión no resulta ético.