Autores. El INICIO DEL CONOCIMIENTO PSICOLÓGICO: LA "TEORÍA DE LA MENTE"
El principal sentido y utilidad de la ToM como un tipo particular de conocimiento y de habilidad, es el de la comunicación e interacción social en el que ordinariamente nos desenvolvemos.
Dumbar (2003); Whiten (1999)
Premack y Woodruff (1978)
Baron-Cohen, 1995, 2000; Frith, 2000.
Quintanilla y Sarriá (2003)
Tratan de averiguar (expresa y directamente) si los chimpancés también desarrollan, como los humanos, una «teoría de la mente». Estos autores llegan a la sorprendente conclusión de que, en efecto, los chimpancés, ya poseen cierta comprensión rudimentaria de estados mentales, como los de conocimiento y de creencia.
Dumbar (2003); Whiten (1999)
Premack y Woodruff (1978)
Baron-Cohen, 1995, 2000; Frith, 2000.
Quintanilla y Sarriá (2003)
Los niños autistas, a diferencia de los niños normales, no desarrollan juego simbólico ni parecen ser capaces de inferir o atribuir estados mentales (ToM).
Dumbar (2003); Whiten (1999)
Premack y Woodruff (1978)
Baron-Cohen, 1995, 2000; Frith, 2000.
Quintanilla y Sarriá (2003)
Hasta los seis años el pensamiento «se confunde» con una voz.
Dumbar (2003); Whiten (1999)
Premack y Woodruff (1978)
Baron-Cohen, 1995, 2000; Frith, 2000.
Quintanilla y Sarriá (2003)
La carenciua de la ToM se ha identificado en algunas psicopatologías graves como la esquizofrenia.
Brüne (2005)
Trivers (1971)
Rivière (1991)
Bogdam (2000)
Dentro del juego de mutua dependencia en el que nos desenvolvemos, parece importante saber reconocer a las personas colaboradoras, frente a las egoístas o dispuestas a emplear la astucia y el engaño en función de los propios intereses.
Brüne (2005)
Trivers (1971)
Rivière (1991)
Bogdam (2000)
El hombre no sólo tiene una mente, sino que también «sabe que la tiene» y que la tienen «igualmente» los demás.
Brüne (2005)
Trivers (1971)
Rivière (1991)
Bogdam (2000)
Estamos, en definitiva, ante una habilidad (ToM) que lejos de ser «conductista», es «mentalista», por cuanto nos permite explicar y predecir la conducta en referencia a conceptos mentales.
Brüne (2005)
Trivers (1971)
Rivière (1991)
Bogdam (2000)
No es extraño que la capacidad para formar una ToM se haya interpretado como una de las principales manifestaciones de una inteligencia o cognición social, contemplándose, incluso, dentro de la raíz filogenética de lo más específicamente humano.
Brüne (2005)
Trivers (1971)
Rivière (1991)
Bogdam (2000)
Defienden la idea de que el cerebro y la inteligencia humana han evolucionado primeramente y sobre todo para adaptarse a la creciente complejidad del medio social y responder a sus presiones.
Nicholas Humphrey (1986); Malle (2001)
Fehr y Fischbacher (2004)
Gómez (2004)
Hauser, 1999; Povinelli y Vonk (2004)
Se entiende bien el valor adaptativo que se otorga a la ToM y la «presión selectiva» que ha podido producirse sobre la inteligencia para adoptar esta forma de atribuciones (internas e intencionales) como base de explicación y predicción de la conducta.
Nicholas Humphrey (1986); Malle (2001)
Fehr y Fischbacher (2004)
Gómez (2004)
Hauser, 1999; Povinelli y Vonk (2004)
La propia conciencia (la capacidad de autoconciencia), junto a la capacidad para formular y utilizar una «teoría de la mente », serían las principales herramientas para adaptarse a la creciente complejidad del medio social y responder a sus presiones.
Nicholas Humphrey (1986); Malle (2001)
Fehr y Fischbacher (2004)
Gómez (2004)
Hauser, 1999; Povinelli y Vonk (2004)
Muchos comportamientos pueden explicarse de manera consistente mediante simples reglas conductuales, relativas a asociaciones directas entre los acontecimientos externos y observables (estímulos y respuestas), sin necesidad de apelar a la intervención de procesos internos e inobservables, así, es posible que la gente abra los cajones simplemente porque son la última asociación que tiene con las gafas o las llaves.
Nicholas Humphrey (1986); Malle (2001)
Fehr y Fischbacher (2004)
Gómez (2004)
Hauser, 1999; Povinelli y Vonk (2004)
Define la ToM como un subsistema cognitivo, que se compone de un soporte conceptual y unos mecanismos de inferencia, y que cumple en el hombre la función de manejar, predecir e interpretar la conducta.
Rivière, Sarriá y Núñez (1994)
Gopnik y Meltzoff 1997; Welman y Gelman (1998)
Wellman (1990, 2002)
Baron-Cohen (1992); Malle (2005)
La expresión «teoría de la mente» también alude directamente a un particular enfoque teórico sobre su estudio (las denominadas teorías «de la teoría») en el que las concepciones que va desarrollando el niño sobre la mente se contemplan como una de las teorías ingenuas básicas o «fundacionales» dentro del desarrollo cognitivo de dominio específico.
Rivière, Sarriá y Núñez (1994)
Gopnik y Meltzoff 1997; Welman y Gelman (1998)
Wellman (1990, 2002)
Baron-Cohen (1992); Malle (2005)
Las nociones e ideas sobre la mente vienen a configurar todo un sistema conceptual elaborado, que supone distinciones ontológicas específicas y un marco explicativo-causal propio dentro de un sistema integrado y coherente.
Rivière, Sarriá y Núñez (1994)
Gopnik y Meltzoff 1997; Welman y Gelman (1998)
Wellman (1990, 2002)
Baron-Cohen (1992); Malle (2005)
Si no se dispone de la ToM o es deficiente (como ocurre en los autistas), podrán percibirse los indicios relevantes (gestos faciales, movimientos del cuerpo, etc.), pero no podrán interpretarse rápida y fácilmente para dar sentido al conjunto de la información captada y responder en consecuencia.
Rivière, Sarriá y Núñez (1994)
Gopnik y Meltzoff 1997; Welman y Gelman (1998)
Wellman (1990, 2002)
Baron-Cohen (1992); Malle (2005)
Criterios básicos para determinar si se posee consistentemente una ToM: 1) deben tenerse creencias sobre las creencias ajenas (y su valor verdadero o falso) y distinguirlas claramente de las propias; y 2) deben realizarse, en función de ello, actuaciones o predicciones consecuentes y acertadas.
Dennett (1978)
Wimmer y Perner (1983)
Wellman (1990)
Mele (2001) Malle (2005)
Tarea de la falsa-creencia, y que es la que ha servido como paradigma fundamental en los estudios que tratan de determinar la edad a la que el niño desarrolla una ToM.
Dennett (1978)
Wimmer y Perner (1983)
Wellman (1990)
Mele (2001) Malle (2005)
En torno a lo que supone la ToM, señala dos aspectos cruciales: 1) se debe alcanzar una idea integrada de deseos-creencias puesto que sus influencias son interdependientes. 2) derivado del anterior, comprender que, en todo caso, la conducta responde a los estados internos, a las representaciones y creencias sobre la realidad (situación subjetiva) y no a la realidad misma (situación objetiva).
Dennett (1978)
Wimmer y Perner (1983)
Wellman (1990)
Mele (2001) Malle (2005)
Así, lo que resulta esencial para un adecuado razonamiento causal es una idea integrada de deseos-creencias, esto es, entender que las personas actúan como lo hacen porque creen que con ello podrán satisfacer sus deseos (p. ej., el desagrado consecuente a un deseo frustrado o la sorpresa ante la evidencia de que una creencia es falsa) o la posible relación entre creencias y percepciones.
Dennett (1978)
Wimmer y Perner (1983)
Wellman (1990)
Mele (2001) Malle (2005)
Los deseos son culturalmente los motivos más primarios para la acción.
Searle (1983)
Wellman (1990)
Harris (1989)
Gopnik y Wellman (1994)
Hacia los 4-5 años, el niño empieza a comprender el papel mediador de las representaciones internas en relación con la conducta, incluso muestran una comprensión suficiente de la dinámica emocional subyacente.
Searle (1983)
Wellman (1990)
Harris (1989)
Gopnik y Wellman (1994)
A partir de 3 años las distinciones y atribuciones mentalistas se basan en una interpretación de los contenidos o representaciones mentales como meras «copias directas» de la realidad que, de manera uniforme, se producen por simple exposición.
Searle (1983)
Wellman (1990)
Harris (1989)
Gopnik y Wellman (1994)
Hacia los 4-5 años, el niño es capaz de predecir acciones apropiadas.
Searle (1983)
Wellman (1995)
Harris (1989)
Gopnik y Wellman (1994)
Entre los 4 y los 6 años subyace ya una teoría de la mente representacional y madura, en cuanto que implica una concepción más activa de su papel como «intérprete» de la realidad( y no como mero «reproductor») que depende del acceso informacional; y también en la medida en que, consecuentemente, se asume ya que el conocimiento que se genera no sólo puede estar equivocado sino también ser múltiple: distintas personas pueden interpretar de manera distinta la misma realidad.
Searle (1983)
Wellman (1990)
Harris (1989)
Gopnik y Wellman (1994)
Hacia los 2 años, el niño parece que empieza a atribuir deseos, como base de la conducta, mucho antes de que atribuya creencias.
Wellman y Gelman (1992); Karmiloff-Smith (1992)
Baron-Cohen (1991)
Bartsch y Wellman (1995)
Gergely y Csibra (2003); Tomasello, Carpenter, Call, Behne, y Moll (2005)
Hacia los 4-5 años, el niño puede razonar sobre creencias y falsas creencias, interpretándolas adecuadamente.
Wellman y Gelman (1992); Karmiloff-Smith (1992)
Baron-Cohen (1991)
Bartsch y Wellman (1995)
Gergely y Csibra (2003); Tomasello, Carpenter, Call, Behne, y Moll (2005)
En los diversos intentos que se han producido por explicar la pauta evolutiva que hemos presentado, la ToM se ha relacionado con otras habilidades, las cuales se han contemplado en un doble sentido: el de las competencias previas necesarias o prerrequisitos y el de los rudimentos o precursores de la «teoría de la mente».
Wellman y Gelman (1992); Karmiloff-Smith (1992)
Baron-Cohen (1991)
Bartsch y Wellman (1995)
Gergely y Csibra (2003); Tomasello, Carpenter, Call, Behne, y Moll (2005)
Como prerrequisitos para el desarrollo de la ToM, se ha apelado sobre todo a las discriminaciones sociales tempranas dado que, lógicamente, para atribuir estados mentales a los sujetos humanos es necesario primero identificarlos o «reconocerlos» como tales.
Wellman y Gelman (1992); Karmiloff-Smith (1992)
Baron-Cohen (1991)
Bartsch y Wellman (1995)
Gergely y Csibra (2003); Tomasello, Carpenter, Call, Behne, y Moll (2005)
En el plano conductual, se admite de forma generalizada que desde los primeros meses el bebé no sólo reconoce a los humanos como seres autoanimados, sino que también interpreta sus conductas como dirigidas a una meta.
Wellman y Gelman (1992); Karmiloff-Smith (1992)
Baron-Cohen (1991)
Bartsch y Wellman (1995)
Gergely y Csibra (2003); Tomasello, Carpenter, Call, Behne, y Moll (2005)
La atribución de intencionalidad conductual se ha interpretado como la primera manifestación de atribución psicológica mentalista (en su papel mediador), ya que debe correr pareja a la comprensión de la «intencionalidad» en el plano representacional: En el plano representacional, la intencionalidad característica de los propios estados mentales en sentido filosófico, en cuanto entes «tendentes a», «referidos a» o «dirigidos a» otra cosa.
Brentano (1872); Gómez (2009)
Gómez et al. (1995).
Astington y Jenkins (1999); Frith y Frith (2003); Astington y Baird (2005)
Leslie (1987, 1992)
El grado de cómputo mentalista involucrado en la primera comunicación no verbal es más bien escaso.
Brentano (1872); Gómez (2009)
Gómez et al. (1995).
Astington y Jenkins (1999); Frith y Frith (2003); Astington y Baird (2005)
Leslie (1987, 1992)
El desarrollo de la ToM es claramente paralelo a la adquisición del propio lenguaje.
Brentano (1872); Gómez (2009)
Gómez et al. (1995).
Astington y Jenkins (1999); Frith y Frith (2003); Astington y Baird (2005)
Leslie (1987, 1992)
Autor de la teoría modularista más influyente. Según este autor, la teoría de la mente depende de un particular mecanismo (Theory of Mind Mechanism o TOMM) de base modular que explica el desarrollo temprano de las capacidades mentalistas y de metarepresentación.
Brentano (1872); Gómez (2009)
Gómez et al. (1995).
Astington y Jenkins (1999); Frith y Frith (2003); Astington y Baird (2005)
Leslie (1987, 1992)
Defienden la idea de que la ToM también se asienta en un módulo específico, cuyas estructuras y mecanismos estarían prefijados de forma innata en el cerebro humano como producto de la evolución filogenética de la especie.
Scott y Baillargeon (2009); Onishi, Baillargeon y Leslie (2007); Baillargeon et al. (2010)
Leslie y Polizzi (1998); Leslie, German y Polizzi (2005).
Plantean dos estadios en el desarrollo del modulo específico de base innata: una primera instancia (TOMM1) surgiría hacia los 9 meses, permitiendo interpretar las acciones humanas como intencionales o dirigidas a una meta (comprensión teleológica); y una segunda instancia (TOMM2) hacia los 18-24 meses que posibilitaría ya la comprensión e interpretaciones mentalistas de esas acciones en torno a los deseos y creencias del agente.
Scott y Baillargeon (2009); Onishi, Baillargeon y Leslie (2007); Baillargeon et al. (2010)
Leslie y Polizzi (1998); Leslie, German y Polizzi (2005).
En relación con las Teorías modularistas. Postulan la emergencia posterior de un nuevo componente (Selection Processor), que permitiría las inferencias y el razonamiento sobre los estados de creencia, siendo el principal responsable de las mejoras que se producen en tareas como la de la falsa-creencia a partir de los 3 años.
Scott y Baillargeon (2009); Onishi, Baillargeon y Leslie (2007); Baillargeon et al. (2010)
Leslie y Polizzi (1998); Leslie, German y Polizzi (2005).
En relación con las críticas dirigidas a la tarea clásica por sus excesivas demandas de procesamiento, destacan que las dificultades del niño antes de los 4 años tendrían más que ver con el «control inhibitorio» que reclama la tarea en la selección de la respuesta, que con la falta de competencia meta-representacional.
Scott y Baillargeon (2009); Onishi, Baillargeon y Leslie (2007); Baillargeon et al. (2010)
Leslie y Polizzi (1998); Leslie, German y Polizzi (2005).
En realación con las Teorías modularistas. Estos autores proponen dos estadios de desarrollo de la ToM, pero con características diferentes relativas al tipo de «estado informacional» interno que el niño es capaz de atribuir a un agente: un primer estadio (Sub-sistema 1, que se supone ya operativo en los primeros meses) permitiría al niño, no sólo atribuciones motivacionales teleológicas (deseos en relación con ciertas preferencias o metas), sino también creencias verdaderas, esto es, estados de conocimiento realistas o congruentes con la situación percibida o memorizada; y un segundo estadio (Subsistema 2, algo más tardío), que permitiría ya mantener simultáneamente atribuciones de conocimiento tanto congruentes como incongruentes respecto a la situación real; o, dicho de otro modo, representaciones sobre creencias verdaderas y sobre falsas creencias, lo que supondría ya una ToM auténticamente representacional.
Scott y Baillargeon (2009); Onishi, Baillargeon y Leslie (2007); Baillargeon et al. (2010)
Leslie y Polizzi (1998); Leslie, German y Polizzi (2005).
En realación con las Teorías de «la teoría». Ha propuesto que la capacidad para captar la intencionalidad tiene su origen en la experiencia personal del niño (toma de conciencia) acerca de sus propias acciones como dirigidas a una meta, puesto que ello le permitiría posteriormente atribuir la misma orientación motivacional a acciones semejantes observadas en los demás. Esta conexión entre la conducta propia y la de los otros estaría mediada por algún mecanismo neurobiológico, basado presumiblemente en las denominadas «neuronas espejo».
Woodward (2005, 2009)
Meltzoff (2005,2011); Meltzoff y Gopnik (1993)
Gopnik y Meltzoff (1997); Wellman (2002); Gopnik (2011); Gopnik y Wellman (2012)
Rivière et al. (1994)
En realación con las Teorías de «la teoría». Según estos autores, el niño contaría de forma innata con un sistema de representación «supramodal» que le permitiría asociar la percepción de sus propios movimientos (propiocepción), con los observados en los otros.
Woodward (2005, 2009)
Meltzoff (2005,2011); Meltzoff y Gopnik (1993)
Gopnik y Meltzoff (1997); Wellman (2002); Gopnik (2011); Gopnik y Wellman (2012)
Rivière et al. (1994)
En realación con las Teorías de «la teoría». Una ToM representacional madura no se desarrolla antes de los 4 años; se admite la existencia de alguna base innata en el desarrollo de la ToM, pero se considera que sólo atañe a ciertas predisposiciones o tendencias iniciales no mentalistas y que es a través de mecanismos de dominio general como esos estados evolucionarían hacia una creciente comprensión y explicación mentalistas de la conducta.
Woodward (2005, 2009)
Meltzoff (2005,2011); Meltzoff y Gopnik (1993)
Gopnik y Meltzoff (1997); Wellman (2002); Gopnik (2011); Gopnik y Wellman (2012)
Rivière et al. (1994)
Resume las tres principales líneas de pensamiento en esta perspectiva de las Teorías de la «simulación»: 1). El acceso privilegiado de la primera persona a la experiencia mental; 2).El papel del afecto y de los mecanismos de compartir intersubjetivamente la experiencia emocional. 3), El papel potencial de usar la vía privilegiada de la primera persona para imaginar o simular situaciones ajenas.
Woodward (2005, 2009)
Meltzoff (2005,2011); Meltzoff y Gopnik (1993)
Gopnik y Meltzoff (1997); Wellman (2002); Gopnik (2011); Gopnik y Wellman (2012)
Rivière et al. (1994)
Lo que básicamente se sostiene desde este enfoque de las Teorías de la «simulación», es que lo que se ha llamado ToM está relacionada esencialmente con nuestra capacidad para «ponernos en el lugar de los otros» mediante un simple ejercicio de «imaginación».