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Recuadro 7-1. Asociación de palabras

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   atributos      Carl Jung      de significado      Kent y Rosanoff      partes del objeto      relaciones taxonómicas      semántica      Sir Francis Galton      términos funcionales      test de asociación de palabras   
Desde tiempo atrás, los científicos se han interesado en conocer cómo se relacionan las palabras entre sí dentro de nuestra mente. Una de las primeras herramientas que los psicólogos tuvieron a su disposición fue el denominado , inventado por (1822-1911) y ampliamente utilizado por el psicoanalista suizo (1875-1961) como método de exploración de la personalidad. Su lógica es sencilla: consiste en presentar una palabra a una persona y pedirle que diga la primera palabra que le venga a la mente. De este modo es posible comprobar cómo se relacionan unas palabras con otras en la memoria del sujeto. Es algo así como sacar una cereza de un cesto y arrastrar otras cerezas con las que forma racimo.

Lo primero que se puso de manifiesto fue que los participantes tienden a responder con palabras que tienen una relación con la proporcionada. Es decir, la conexión entre palabras basada en el significado resulta más fuerte que otro tipo de conexión, como podría ser la semejanza perceptiva u otra. Es la relación la que parece desempeñar un papel clave como principio organizativo de las palabras en nuestra memoria. Cuando se presenta el término «aguja», las personas tienden a responder palabras como «hilo», «alfiler», o «coser», pero no otras como «clavo» o «pincho», que se parecen visualmente a la aguja.

El primer estudio a gran escala realizado con la tarea de asociación semántica fue el de (1910), en lengua inglesa. A un conjunto de 1.000 hombres y mujeres les presentaron una lista de 100 palabras, una a una, para que respondieran con la primera palabra que les viniera a la cabeza. Puede observarse que las personas tienden a coincidir en sus respuestas: 191 individuos respondieron «mesa», 127; «asiento», etc.; de hecho, las cuatro contestaciones más comunes suman la mitad de todas las respuestas. En el otro extremo tenemos una amplia variedad de respuestas idiosincrásicas («caoba», «belleza», «ociosidad», etc.). En cualquier caso, prácticamente todas las respuestas guardan una relación de significado con el estímulo; nadie responde en función de la semejanza fonética, por ejemplo, nadie contesta «milla» o «quilla».

Los datos de demuestran que una única palabra activa un amplio rango de conocimiento léxico. Dejando de lado las contestaciones idiosincrásicas, las respuestas revelan cuatro tipos de relaciones asociativas: a) , dentro de una clasificación semántica (términos coordinados como «mesa», subordinados o hipónimos como «mecedora», y supraordenados o hiperónimos como «mueble»); b) o propiedades del objeto representado: «madera», «confortable», «duro», «blando»; c) : «patas», «asiento», «brazos», y d) : «sentarse», «descanso», «mecerse».