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El proceso del duelo se puede considerar una respuesta normal a la pérdida de un ser querido y no todo el mundo necesita una intervención o el consejo de un experto para procesarlo correctamente. Sin embargo, el duelo normal puede convertirse en un duelo patológico o complicado, afectando a la persona que lo padece y a las personas más cercanas. Este tipo de duelo se caracteriza por un conjunto de síntomas que presentan la mayoría de los dolientes normales en las semanas posteriores a la pérdida, pero que en los dolientes complicados persisten por meses e incluso años, dificultando la reincorporación a las actividades cotidianas. Además de presentar síntomas de ansiedad por separación, dolor ante el recuerdo del difunto, dificultad para aceptar la pérdida, evitación de recuerdos, personas, objetos o lugares relacionados con el fallecido, hay un sentimiento de vacío o pérdida de sentido y una sensación de entumecimiento emocional (Estevan, 2017). Estas personas pueden necesitar una terapia psicológica dirigida a modificar las conductas o pensamientos inadecuados y favorecer los adecuados, y a proporcionar al doliente herramientas y destrezas que le permitan afrontar el duelo y sus complicaciones. Algunos autores como Kumar (2005) consideran que la práctica de Mindfulness puede ayudar en el proceso del duelo a identificar la fuente de los pensamientos y sentimientos del doliente, generando un entendimiento claro en la experimentación del proceso de duelo. Sin embargo, Luciano (2006) considera que la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es de las más completas en el tratamiento del duelo complicado, ya que tiene una postura filosófica funcional, se asienta en una nueva teoría del lenguaje y la cognición y ofrece una dimensión funcional de la evitación experiencial.
Con el objetivo de analizar si la efectividad de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es mayor que la de un Programa de Intervención basado en Mindfulness (PIM) en el tratamiento del duelo complicado, se contactó con dos servicios de atención psicológica que permitieron acceder y aplicar el tratamiento a dos grupos, uno de 24 y otro de 16 personas diagnosticadas de duelo complicado, respectivamente. A los participantes de ambos grupos se les pasó el Inventario de Duelo Complicado IDC (Prigenson, 2009). En el IDC las puntuaciones oscilan en un continuo entre 0 y 76 puntos, y se considera que una persona tiene duelo complicado cuando su puntuación es igual o mayor a 25.
Durante un período de cuatro meses, a uno de los grupos se le aplicó la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y al otro un Programa de Intervención basado en Mindfulness (PIM). Transcurridos los cuatro meses, se les volvió a pasar a todos el Inventario de Duelo Complicado IDC. Los resultados intergrupos mostraron que no había diferencias significativas en el pretest de ambos grupos, pero sí en el postest, siendo las puntuaciones obtenidas en el Grupo ACT significativamente menores que en el Grupo PIM. En la comparación intragrupo se vio que solo en el Grupo ACT la media en el postest era significativamente menor que la del pretest.
El proceso del duelo se puede considerar una respuesta normal a la pérdida de un ser querido y no todo el mundo necesita una intervención o el consejo de un experto para procesarlo correctamente. Sin embargo, el duelo normal puede convertirse en un duelo patológico o complicado, afectando a la persona que lo padece y a las personas más cercanas. Este tipo de duelo se caracteriza por un conjunto de síntomas que presentan la mayoría de los dolientes normales en las semanas posteriores a la pérdida, pero que en los dolientes complicados persisten por meses e incluso años, dificultando la reincorporación a las actividades cotidianas. Además de presentar síntomas de ansiedad por separación, dolor ante el recuerdo del difunto, dificultad para aceptar la pérdida, evitación de recuerdos, personas, objetos o lugares relacionados con el fallecido, hay un sentimiento de vacío o pérdida de sentido y una sensación de entumecimiento emocional (Estevan, 2017). Estas personas pueden necesitar una terapia psicológica dirigida a modificar las conductas o pensamientos inadecuados y favorecer los adecuados, y a proporcionar al doliente herramientas y destrezas que le permitan afrontar el duelo y sus complicaciones. Algunos autores como Kumar (2005) consideran que la práctica de Mindfulness puede ayudar en el proceso del duelo a identificar la fuente de los pensamientos y sentimientos del doliente, generando un entendimiento claro en la experimentación del proceso de duelo. Sin embargo, Luciano (2006) considera que la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es de las más completas en el tratamiento del duelo complicado, ya que tiene una postura filosófica funcional, se asienta en una nueva teoría del lenguaje y la cognición y ofrece una dimensión funcional de la evitación experiencial.
Con el objetivo de analizar si la efectividad de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es mayor que la de un Programa de Intervención basado en Mindfulness (PIM) en el tratamiento del duelo complicado, se contactó con dos servicios de atención psicológica que permitieron acceder y aplicar el tratamiento a dos grupos, uno de 24 y otro de 16 personas diagnosticadas de duelo complicado, respectivamente. A los participantes de ambos grupos se les pasó el Inventario de Duelo Complicado IDC (Prigenson, 2009). En el IDC las puntuaciones oscilan en un continuo entre 0 y 76 puntos, y se considera que una persona tiene duelo complicado cuando su puntuación es igual o mayor a 25.
Durante un período de cuatro meses, a uno de los grupos se le aplicó la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y al otro un Programa de Intervención basado en Mindfulness (PIM). Transcurridos los cuatro meses, se les volvió a pasar a todos el Inventario de Duelo Complicado IDC. Los resultados intergrupos mostraron que no había diferencias significativas en el pretest de ambos grupos, pero sí en el postest, siendo las puntuaciones obtenidas en el Grupo ACT significativamente menores que en el Grupo PIM. En la comparación intragrupo se vio que solo en el Grupo ACT la media en el postest era significativamente menor que la del pretest.
El proceso del duelo se puede considerar una respuesta normal a la pérdida de un ser querido y no todo el mundo necesita una intervención o el consejo de un experto para procesarlo correctamente. Sin embargo, el duelo normal puede convertirse en un duelo patológico o complicado, afectando a la persona que lo padece y a las personas más cercanas. Este tipo de duelo se caracteriza por un conjunto de síntomas que presentan la mayoría de los dolientes normales en las semanas posteriores a la pérdida, pero que en los dolientes complicados persisten por meses e incluso años, dificultando la reincorporación a las actividades cotidianas. Además de presentar síntomas de ansiedad por separación, dolor ante el recuerdo del difunto, dificultad para aceptar la pérdida, evitación de recuerdos, personas, objetos o lugares relacionados con el fallecido, hay un sentimiento de vacío o pérdida de sentido y una sensación de entumecimiento emocional (Estevan, 2017). Estas personas pueden necesitar una terapia psicológica dirigida a modificar las conductas o pensamientos inadecuados y favorecer los adecuados, y a proporcionar al doliente herramientas y destrezas que le permitan afrontar el duelo y sus complicaciones. Algunos autores como Kumar (2005) consideran que la práctica de Mindfulness puede ayudar en el proceso del duelo a identificar la fuente de los pensamientos y sentimientos del doliente, generando un entendimiento claro en la experimentación del proceso de duelo. Sin embargo, Luciano (2006) considera que la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es de las más completas en el tratamiento del duelo complicado, ya que tiene una postura filosófica funcional, se asienta en una nueva teoría del lenguaje y la cognición y ofrece una dimensión funcional de la evitación experiencial.
Con el objetivo de analizar si la efectividad de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es mayor que la de un Programa de Intervención basado en Mindfulness (PIM) en el tratamiento del duelo complicado, se contactó con dos servicios de atención psicológica que permitieron acceder y aplicar el tratamiento a dos grupos, uno de 24 y otro de 16 personas diagnosticadas de duelo complicado, respectivamente. A los participantes de ambos grupos se les pasó el Inventario de Duelo Complicado IDC (Prigenson, 2009). En el IDC las puntuaciones oscilan en un continuo entre 0 y 76 puntos, y se considera que una persona tiene duelo complicado cuando su puntuación es igual o mayor a 25.
Durante un período de cuatro meses, a uno de los grupos se le aplicó la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y al otro un Programa de Intervención basado en Mindfulness (PIM). Transcurridos los cuatro meses, se les volvió a pasar a todos el Inventario de Duelo Complicado IDC. Los resultados intergrupos mostraron que no había diferencias significativas en el pretest de ambos grupos, pero sí en el postest, siendo las puntuaciones obtenidas en el Grupo ACT significativamente menores que en el Grupo PIM. En la comparación intragrupo se vio que solo en el Grupo ACT la media en el postest era significativamente menor que la del pretest.
El proceso del duelo se puede considerar una respuesta normal a la pérdida de un ser querido y no todo el mundo necesita una intervención o el consejo de un experto para procesarlo correctamente. Sin embargo, el duelo normal puede convertirse en un duelo patológico o complicado, afectando a la persona que lo padece y a las personas más cercanas. Este tipo de duelo se caracteriza por un conjunto de síntomas que presentan la mayoría de los dolientes normales en las semanas posteriores a la pérdida, pero que en los dolientes complicados persisten por meses e incluso años, dificultando la reincorporación a las actividades cotidianas. Además de presentar síntomas de ansiedad por separación, dolor ante el recuerdo del difunto, dificultad para aceptar la pérdida, evitación de recuerdos, personas, objetos o lugares relacionados con el fallecido, hay un sentimiento de vacío o pérdida de sentido y una sensación de entumecimiento emocional (Estevan, 2017). Estas personas pueden necesitar una terapia psicológica dirigida a modificar las conductas o pensamientos inadecuados y favorecer los adecuados, y a proporcionar al doliente herramientas y destrezas que le permitan afrontar el duelo y sus complicaciones. Algunos autores como Kumar (2005) consideran que la práctica de Mindfulness puede ayudar en el proceso del duelo a identificar la fuente de los pensamientos y sentimientos del doliente, generando un entendimiento claro en la experimentación del proceso de duelo. Sin embargo, Luciano (2006) considera que la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es de las más completas en el tratamiento del duelo complicado, ya que tiene una postura filosófica funcional, se asienta en una nueva teoría del lenguaje y la cognición y ofrece una dimensión funcional de la evitación experiencial.
Con el objetivo de analizar si la efectividad de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es mayor que la de un Programa de Intervención basado en Mindfulness (PIM) en el tratamiento del duelo complicado, se contactó con dos servicios de atención psicológica que permitieron acceder y aplicar el tratamiento a dos grupos, uno de 24 y otro de 16 personas diagnosticadas de duelo complicado, respectivamente. A los participantes de ambos grupos se les pasó el Inventario de Duelo Complicado IDC (Prigenson, 2009). En el IDC las puntuaciones oscilan en un continuo entre 0 y 76 puntos, y se considera que una persona tiene duelo complicado cuando su puntuación es igual o mayor a 25.
Durante un período de cuatro meses, a uno de los grupos se le aplicó la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y al otro un Programa de Intervención basado en Mindfulness (PIM). Transcurridos los cuatro meses, se les volvió a pasar a todos el Inventario de Duelo Complicado IDC. Los resultados intergrupos mostraron que no había diferencias significativas en el pretest de ambos grupos, pero sí en el postest, siendo las puntuaciones obtenidas en el Grupo ACT significativamente menores que en el Grupo PIM. En la comparación intragrupo se vio que solo en el Grupo ACT la media en el postest era significativamente menor que la del pretest.
El proceso del duelo se puede considerar una respuesta normal a la pérdida de un ser querido y no todo el mundo necesita una intervención o el consejo de un experto para procesarlo correctamente. Sin embargo, el duelo normal puede convertirse en un duelo patológico o complicado, afectando a la persona que lo padece y a las personas más cercanas. Este tipo de duelo se caracteriza por un conjunto de síntomas que presentan la mayoría de los dolientes normales en las semanas posteriores a la pérdida, pero que en los dolientes complicados persisten por meses e incluso años, dificultando la reincorporación a las actividades cotidianas. Además de presentar síntomas de ansiedad por separación, dolor ante el recuerdo del difunto, dificultad para aceptar la pérdida, evitación de recuerdos, personas, objetos o lugares relacionados con el fallecido, hay un sentimiento de vacío o pérdida de sentido y una sensación de entumecimiento emocional (Estevan, 2017). Estas personas pueden necesitar una terapia psicológica dirigida a modificar las conductas o pensamientos inadecuados y favorecer los adecuados, y a proporcionar al doliente herramientas y destrezas que le permitan afrontar el duelo y sus complicaciones. Algunos autores como Kumar (2005) consideran que la práctica de Mindfulness puede ayudar en el proceso del duelo a identificar la fuente de los pensamientos y sentimientos del doliente, generando un entendimiento claro en la experimentación del proceso de duelo. Sin embargo, Luciano (2006) considera que la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es de las más completas en el tratamiento del duelo complicado, ya que tiene una postura filosófica funcional, se asienta en una nueva teoría del lenguaje y la cognición y ofrece una dimensión funcional de la evitación experiencial.
Con el objetivo de analizar si la efectividad de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es mayor que la de un Programa de Intervención basado en Mindfulness (PIM) en el tratamiento del duelo complicado, se contactó con dos servicios de atención psicológica que permitieron acceder y aplicar el tratamiento a dos grupos, uno de 24 y otro de 16 personas diagnosticadas de duelo complicado, respectivamente. A los participantes de ambos grupos se les pasó el Inventario de Duelo Complicado IDC (Prigenson, 2009). En el IDC las puntuaciones oscilan en un continuo entre 0 y 76 puntos, y se considera que una persona tiene duelo complicado cuando su puntuación es igual o mayor a 25.
Durante un período de cuatro meses, a uno de los grupos se le aplicó la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y al otro un Programa de Intervención basado en Mindfulness (PIM). Transcurridos los cuatro meses, se les volvió a pasar a todos el Inventario de Duelo Complicado IDC. Los resultados intergrupos mostraron que no había diferencias significativas en el pretest de ambos grupos, pero sí en el postest, siendo las puntuaciones obtenidas en el Grupo ACT significativamente menores que en el Grupo PIM. En la comparación intragrupo se vio que solo en el Grupo ACT la media en el postest era significativamente menor que la del pretest.
El proceso del duelo se puede considerar una respuesta normal a la pérdida de un ser querido y no todo el mundo necesita una intervención o el consejo de un experto para procesarlo correctamente. Sin embargo, el duelo normal puede convertirse en un duelo patológico o complicado, afectando a la persona que lo padece y a las personas más cercanas. Este tipo de duelo se caracteriza por un conjunto de síntomas que presentan la mayoría de los dolientes normales en las semanas posteriores a la pérdida, pero que en los dolientes complicados persisten por meses e incluso años, dificultando la reincorporación a las actividades cotidianas. Además de presentar síntomas de ansiedad por separación, dolor ante el recuerdo del difunto, dificultad para aceptar la pérdida, evitación de recuerdos, personas, objetos o lugares relacionados con el fallecido, hay un sentimiento de vacío o pérdida de sentido y una sensación de entumecimiento emocional (Estevan, 2017). Estas personas pueden necesitar una terapia psicológica dirigida a modificar las conductas o pensamientos inadecuados y favorecer los adecuados, y a proporcionar al doliente herramientas y destrezas que le permitan afrontar el duelo y sus complicaciones. Algunos autores como Kumar (2005) consideran que la práctica de Mindfulness puede ayudar en el proceso del duelo a identificar la fuente de los pensamientos y sentimientos del doliente, generando un entendimiento claro en la experimentación del proceso de duelo. Sin embargo, Luciano (2006) considera que la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es de las más completas en el tratamiento del duelo complicado, ya que tiene una postura filosófica funcional, se asienta en una nueva teoría del lenguaje y la cognición y ofrece una dimensión funcional de la evitación experiencial.
Con el objetivo de analizar si la efectividad de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es mayor que la de un Programa de Intervención basado en Mindfulness (PIM) en el tratamiento del duelo complicado, se contactó con dos servicios de atención psicológica que permitieron acceder y aplicar el tratamiento a dos grupos, uno de 24 y otro de 16 personas diagnosticadas de duelo complicado, respectivamente. A los participantes de ambos grupos se les pasó el Inventario de Duelo Complicado IDC (Prigenson, 2009). En el IDC las puntuaciones oscilan en un continuo entre 0 y 76 puntos, y se considera que una persona tiene duelo complicado cuando su puntuación es igual o mayor a 25.
Durante un período de cuatro meses, a uno de los grupos se le aplicó la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y al otro un Programa de Intervención basado en Mindfulness (PIM). Transcurridos los cuatro meses, se les volvió a pasar a todos el Inventario de Duelo Complicado IDC. Los resultados intergrupos mostraron que no había diferencias significativas en el pretest de ambos grupos, pero sí en el postest, siendo las puntuaciones obtenidas en el Grupo ACT significativamente menores que en el Grupo PIM. En la comparación intragrupo se vio que solo en el Grupo ACT la media en el postest era significativamente menor que la del pretest.

