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En relación con la parálisis cerebral podemos afirmar que:
En pocos casos -solo aquellos de mayor severidad- hay discapacidad intelectual comórbida.
En un 75% de los casos, la afectación motora es tan severa que no se desarrolla lenguaje oral.
Las dificultades motoras pueden verse acompañadas de trastornos en el habla y en el lenguaje.
La espina bífida se suele asociar a:
Dificultades perceptivas y atencionales.
Dificultades atencionales y en la gramática del lenguaje
Dificultades en la gramática y en la pragmática del lenguaje
La espina bífida de tipo meningocele:
Puede corregirse mediante cirugía, habitualmente durante el primer año de vida.
Está asociada a mayor afectación motora que la espina bifida mielomeningocele.
Es un trastorno en el que las vértebras y la médula se encuentran afectadas.
En la evaluación de las personas con discapacidad física se ha de tener en cuenta que:
El enfoque más efectivo es el unidimensional.
El equipo interdisciplinar constituye un requisito imprescindible.
La perspectiva nunca puede ser evolutiva y de continuidad de servicios.
Un reto de futuro en el ámbito educativo en las personas con discapacidad física es:
La creación de colegios exclusivos para niños con discapacidad física en el que todo esté adaptado para ellos.
Un cambio de modelos en las sillas de ruedas para que sean más aerodinámicas y permitan jugar mejor en los recreos.
La accesibilidad de los centros no solo desde la perspectiva de los espacios físicos sino también de los servicios y de las prácticas educativas.
Según la clasificación de las discapacidades físicas de Aguado y Alcedo, cuáles de las siguientes discapacidades físicas es por enfermedad:
Epilepsia.
Parálisis cerebral.
Espina bífida.
De entre los siguientes trastornos que cursan con discapacidad física, ¿cuál es el que tiene una mayor probabilidad de presentar comorbilidad con la discapacidad intelectual?
Espina bífida oculta.
Parálisis cerebral.
Distrofia muscular.
En el proceso de evaluación e intervención de las personas con discapacidad física:
El equipo interdisciplinar constituye un requisito imprescindible para un buen abordaje.
Se suele constatar que los problemas de rendimiento escolar, cuando se detectan, se deben a déficits intelectuales asociados.
Se ha de primar la evaluación de las dificultades de tipo motor y sus consecuencias.
Si ponemos en relación la prevalencia y la severidad de los distintos tipos de espina bífida, podemos concluir que:
El tipo de trastorno más prevalente es el que presenta menor severidad.
La severidad es independiente de la prevalencia en los distintos tipos del trastorno.
El tipo de trastorno más prevalente es además el más severo.
A los 40 años, una persona empieza a presentar, progresivamente, dificultades para desplazarse de forma autónoma y para deglutir alimentos. Este cuadro es compatible con:
Esclerosis lateral amiotrófica.
Parálisis cerebral.
Espina bífida.
Un niño de 5 años presenta dificultades en el lenguaje y para el desplazamiento autónomo. Además, con anterioridad, fue intervenido para corregir la existencia de hidrocefalia. Lo más probable es que nos encontremos con un caso de:
Dispraxia del desarrollo.
Parálisis cerebral de tipo atáxico.
Espina bífida de tipo mielomeningocele.
En los programas de intervención temprana sobre el desarrollo motor de niños con parálisis cerebral y en los que se considera fundamental la promoción de la respuesta sensible por parte de los padres...
La intervención suele realizarse en centros específicos para que así el profesional pueda ayudar a los padres a saber a qué metas debe llegar el hijo.
Los padres aprenden a identificar señales de movimiento en el niño para que, en esos momentos, puedan ofrecer los apoyos que el niño necesita.
Los apoyos que presentan los padres deben mantenerse en el tiempo para evitar así retrocesos que tengan efectos en cascada sobre el desarrollo del niño.
Al leer la historia clínica de un caso, se encuentra, entre otros, con los siguientes datos: déficit de ácido fólico durante el embarazo, malformación de Arnold Chiari ll, severa afectación de la movilidad de las extremidades inferiores. Lo más probable es que presente:
Espina bífida de tipo oculto.
Parálisis cerebral.
Espina bífida mielomeningocele.
En consonancia con la visión neuroconstructivista, los estudios en relación con las expectativas que tienen los padres de niños con parálisis cerebral sobre la intención comunicativa de sus hijos ponen de manifiesto:
Las ventajas asociadas a un estilo de interacción directivo por parte de los padres de estos niños.
El impacto que puede tener el contexto de desarrollo social sobre las habilidades comunicativas de estos niños.
Cómo el nivel de organización corporal determina el desarrollo lingüístico de estos niños a través de distintos tipos de factores.
En los trastornos del neurodesarrollo que afectan a la función motora suele haber comorbilidad con la discapacidad intelectual:
En la esclerosis lateral amiotrófica, pudiendo estar afectadas, además, funciones fisiológicas fundamentales tales como la respiración.
En la parálisis cerebral, si bien se encuentra una gran variabilidad y la discapacidad intelectual no se presenta en todos los casos.
En la espina bífida oculta, lo que se relaciona con la dificultad para diagnosticar el trastorno y el efecto negativo que este retraso tiene sobre el desarrollo.
De acuerdo con la visión neuroconstructivista aplicada al estudio del desarrollo en las personas con espina bífida:
El retraso en la conducta de gateo como forma de movimiento libre y autogenerado imposibilita la adquisición de la permanencia del objeto.
Si se realiza intervención temprana en movimiento autogenerado, las representaciones espaciales del adolescente con el trastorno estarán preservadas.
La comprensión de las conductas de comunicación referencial se puede ver afectada por el retraso en el logro del desplazamiento libre y autogenerado.
Un niño de 8 años presenta dificultades para la realización de movimientos oculares, dificultades atencionales y parálisis de las extremidades inferiores. Lo más probable es que esta descripción se corresponda con un caso de:
Espina bífida.
Parálisis cerebral.
Dispraxia evolutiva.
En los casos de espina bífida, cuando la lesión espinal se ubica en una región alta:
Hay menor probabilidad de que haya una discapacidad intelectual comórbida.
Las alteraciones motoras son más leves y apenas hay afectación en otras áreas.
La severidad del trastorno es mayor, pudiéndose ver afectadas distintas funciones.
El sistema de clasificación de la función motora gruesa es especialmente útil para:
Saber cuáles son los apoyos que necesita la persona con parálisis cerebral.
Realizar el diagnóstico diferencial entre parálisis cerebral y espina bífida.
Evaluar las posibles comorbilidades asociadas a la espina bífida.
En los primeros momentos del desarrollo, un estilo de interacción sensible por parte de los padres de niños con espina bífida:
Es recomendable porque afecta positivamente al desarrollo del lenguaje de estos niños, a pesar de su impacto negativo sobre las funciones ejecutivas.
No tiene efectos perjudiciales, sin llegar a presentar una relación positiva con el nivel de desarrollo de estos niños.
Puede tener una influencia incluso en los años escolares, afectando de manera indirecta a la capacidad de estos niños para resolver problemas sociales.
De acuerdo con la visión neuroconstructivista, si, en la edad adulta, dos personas con espina bífida no presentan dificultades en movilidad, dichas personas:
Tampoco presentarían dificultades en movilidad en momentos anteriores del desarrollo.
Podrían tener dificultades para la resolución de tareas que implican manejar representaciones espaciales.
Presentarán, no obstante, importantes problemas comunicativos, dado que no sabrán entender el significado de la direccionalidad de la mirada.
El déficit en ácido fólico durante el embarazo:
Constituye la causa de la espina bífida.
Representa un factor de riesgo para la espina bífida.
Constituye la causa de la parálisis cerebral.
La hidrocefalia se produce, con elevada frecuencia, en los casos de:
Esclerosis múltiple.
Espina bífida mielomeningocele.
Parálisis cerebral.
De acuerdo con el método de intervención Hanen:
La intervención con el niño debe realizarla el profesional, sobre la base de los objetivos y necesidades planteados por los padres.
Los padres reciben sesiones individuales y grupales con el terapeuta, en las que se les dan herramientas que les ayuden a potenciar el desarrollo de sus hijos.
Se plantean actividades formales estructuradas, pero son los padres los que implementan la intervención dentro de la sala de consulta del profesional.
En relación con el desarrollo lingüístico y comunicativo de los niños pequeños con parálisis cerebral podemos decir que:
El estilo directivo de los padres y sus altas expectativas en cuanto a las posibilidades de comunicación del niño explican las alteraciones observadas.
La atipicidad en las expresiones orales, faciales y gestos comunicativos de estos niños dificulta el que sus padres puedan entender las conductas comunicativas de sus hijos.
La disartria y la ininteligibilidad del habla que se observa en los distintos casos de parálisis cerebral explica directamente los problemas comunicativos que se observan en el trastorno.
Los casos más severos en la espina bífida corresponden a aquellos en los que la localización de la lesión medular se sitúa en la zona:
Alta(torácica).
Media (dorsal).
Baja (lumbar-sacra).
Los niños con espina bífida por mielomeningocele presentan dificultades:
Atencionales y lingüísticas, especialmente en el componente pragmático.
De adaptación social y lingüísticas, especialmente en el componente gramatical.
Atencionales y de adaptación social, sin estar afectado el lenguaje.
En las familias en las que un primer hijo tiene espina bífida:
Hay mayor probabilidad de recurrencia de dicho trastorno, lo que evidencia su componente genético.
La probabilidad de que el trastorno vuelva a aparecer en otro hijo es pequeña e incluso ínfima.
Hay mayor probabilidad de que otro miembro de la familia tenga otro tipo de discapacidad motora.
La discapacidad intelectual:
Es igual de prevalente en la espina bífida y en la parálisis cerebral.
Es más prevalente en la parálisis cerebral que en la espina bífida.
Es más prevalente en la espina bífida que en la parálisis cerebral.
Los casos de mayor severidad o afectación en la espina bífida corresponden al tipo:
Espina bífida oculta, porque las secuelas de la alteración pasan inicialmente desapercibidas y la falta de intervención temprana lleva consigo repercusiones muy severas.
Meningocele, porque en este tipo están afectados tanto el líquido cefalorraquídeo como la médula, algo que produce un fuerte impacto negativo en el desarrollo.
Mielomeningocele, porque la protuberancia que se observa en la columna contiene médula, nervios y meninges, lo que lleva consigo claras consecuencias negativas.
La existencia de una malformación congénita en el cierre del tubo neural da lugar a lo que se conoce como:
Espina bífida, que suele cursar con discapacidad intelectual.
Parálisis cerebral, que suele cursar con discapacidad intelectual.
Espina bífida, que no tiene por qué cursar con discapacidad intelectual.
En la parálisis cerebral:
Se observa un perfil lingüístico heterogéneo y, en algunos casos, no se desarrolla lenguaje oral.
La afectación motora produce trastornos del habla, pero no del lenguaje.
La comunicación no se encuentra afectada, si bien puede haber problemas de habla.
El trastorno de espina bífida:
Presenta mayor severidad cuanto más baja sea la lesión espinal.
Suele cursar con dificultades atencionales, además de las motoras.
Está causado por un déficit en ácido fólico durante la gestación.
La parálisis cerebral es un trastorno que:
Con adecuada intervención psicoeducativa desde momentos tempranos, puede llegar a desaparecer en momentos posteriores del ciclo vital.
Presenta homogeneidad y estabilidad en la manifestación de las limitaciones motoras y posturales que lleva asociadas.
Cursa no solo con dificultades de movimiento, sino también, en muchos casos, con discapacidad intelectual y dificultades de comunicación y lenguaje.
Desde el Neuroconstructivismo, en relación con los trastornos del desarrollo, el concepto de "efectos en cascada" implica que:
Cualquier alteración del sistema se va encadenando con alteraciones sucesivas de manera lineal y progresiva.
Las restricciones iniciales del sistema son las mismas en el desarrollo típico y alterado y tienen un efecto acumulativo.
El impacto de las restricciones iniciales atípicas y su interacción con otros elementos puede llegar a ser de amplio alcance.
La espina bífida:
Suele cursar con hidrocefalia cuando es de tipo mielomeningocele.
Suele cursar con un mejor perfil de funcionamiento manipulativo que verbal.
Suele cursar con discapacidad intelectual de severidad variable.
En relación con el desarrollo comunicativo y lingüístico en niños con parálisis cerebral podemos decir que:
Las conductas comunicativas suele iniciarlas el niño, pero los padres no saben ofrecer una respuesta sensible.
La atipicidad de las conductas comunicativas del niño afecta no solo a la producción de sonidos sino también a los gestos.
Todas las opciones son correctas.
Desde la visión neuroconstructivista de los trastornos del desarrollo:
Algunos déficits iniciales pueden llegar a superarse en un momento posterior del desarrollo, pero pueden haber dejado un impacto negativo sobre el sistema.
Los módulos especializados que aparecen desde el nacimiento presentan un patrón de alteración específico y selectivo que afecta negativamente al sistema.
El componente genético no tiene peso explicativo, dado que se contempla un carácter probabilístico en la etiología de los trastornos.
La espina bífida:
Del tipo oculta se asocia a una mayor cantidad de alteraciones, puesto que su identificación resulta muy complicada y el diagnóstico suele ser tardío.
Del tipo oculta se produce durante el tercer trimestre del embarazo y se caracteriza por un cierre incompleto en el canal vertebral.
Del tipo mielomeningocele es la más frecuente y se caracteriza por presentar una mayor severidad en las alteraciones que lleva consigo.
La presencia de hidrocefalia es especialmente común en:
La parálisis cerebral.
La espina bífida de tipo meningocele.
La espina bífida de tipo mielomeningocele.
La parálisis cerebral constituye:
Un espectro de trastornos caracterizado por afectación motora y donde también puede haber dificultades cognitivas, en comunicación y en lenguaje y en la autonomía personal.
Un término paraguas que hace referencia a un conjunto de trastornos temporales del desarrollo motor que afectan al movimiento y limitan la actividad y la participación social de la persona.
Un espectro de trastornos resultado de alteraciones progresivas en el desarrollo cerebral que se producen en cualquier momento del ciclo vital y que afectan especialmente al movimiento.
En la espina bífida:
La comorbilidad con la discapacidad intelectual y con los trastornos de la relación social es elevada.
Hay debilidad motora en las extremidades inferiores, pudiéndose ver afectada también la movilidad ocular.
La severidad de la afectación motora es mayor cuando la lesión espinal se sitúa en la región lumbar-sacra.
Constituyen factores de riesgo particularmente relevantes para la parálisis cerebral:
El exceso de ácido fólico y el consumo de alcohol durante el embarazo.
El consumo de vitamina D durante la gestación y las infecciones intrauterinas.
La prematuridad, las infecciones intrauterinas y la fiebre durante el parto.
Los estudios sobre el desarrollo de la conducta de gateo en bebés con espina bífida han puesto de manifiesto que:
En los casos en los que el bebé nunca llega a gatear no se adquiere la permanencia del objeto.
Un retraso en la conducta de gateo se asocia a retrasos en la comprensión de las conductas de comunicación referencial.
El impacto negativo de los retrasos en la conducta de gateo desaparece en el periodo de la adolescencia.